La Nación Qué cuentan los cuerpos de los campeones del mundo: una “autobiografía grabada sobre la piel”
23/05/2026
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20 de los 26 argentinos que triunfaron en Qatar tienen tatuajes. Un estudio los estudió y concluyó: “usan la piel para contar qué aman, qué temen, qué veneran y quiénes quieren ser”
CÓRDOBA.- El brazo izquierdo de Lionel Messi tiene un reloj, flores de loto, un rosario y el rostro de Jesucristo. Ángel Di María lleva tatuados nombres familiares y referencias religiosas. Rodrigo De Paul exhibe en su cuerpo leones, frases y símbolos aspiracionales. Los tatuajes están presentes en 20 de los 26 futbolistas que formaron parte de la selección argentina que fue campeona del mundo en Qatar 2022, y, según un estudio del jesuita cordobés Gustavo Morello y sus colaboradores, esos dibujos no son simples adornos estéticos sino una especie de autobiografía grabada sobre la piel.A 20 días del comienzo del Mundial 2026 y con las imágenes de los jugadores multiplicándose en redes, campañas publicitarias y transmisiones deportivas, los tatuajes aparecen como una marca inseparable del fútbol. Tal es así que ya no llaman la atención. Lo extraño, de hecho, es lo contrario: que un futbolista profesional no tenga ninguno. El estudio menciona que “la presencia de tatuajes en el fútbol es tan generalizada que los medios de comunicación suelen destacar a aquellos jugadores que carecen de ellos”, como Julián Álvarez o Cristiano Ronaldo. El trabajo titulado “Tatuajes de selección: lo sagrado, religioso y secular” fue elaborado por Morello, docente del Boston College junto a Lucas Keller Sarmiento, Alejo Pisoni, Diego Ríos Bru y Lucas Beyer. Analizaron 196 fotografías públicas de los campeones del mundo y catalogaron 226 tatuajes distintos. La conclusión es que los jugadores usan la piel para contar qué aman, qué temen, qué veneran y quiénes quieren ser.“El fútbol actúa como una plataforma para expresar la moral y los valores; los tatuajes son un reflejo de los sistemas de sentido de los jugadores”, sostiene el reporte. La investigación cruza sociología, religión y cultura popular para leer dibujos que suelen mirarse como moda. Los cuerpos, dice el texto, “hablan”. En el caso del de los futbolistas de elite, hablan de madres, hijos, santos, trofeos, relojes, brújulas, leones, frases motivacionales y promesas personales. También exponen un fenómeno: la transformación cultural de las últimas décadas. Morello recuerda que hasta no hace mucho los tatuajes cargaban cierto estigma social; eran asociados a presos, a rockeros y a marginales. Hoy, en cambio, atraviesan todas las clases sociales y profesiones y alcanzan una dimensión particular en el fútbol. Y es que los cuerpos de los futbolistas son, quizá, unos de los más exhibidos: los toman cámaras HD en primeros planos, aparecen en campañas globales y en redes sociales. Millones de espectadores los observan. Los autores destacan que la vida de los jugadores está regulada por contratos, nutricionistas, sponsors, agentes y clubes que controlan desde el peso corporal hasta las actividades recreativas. En ese “universo híper controlado”, los tatuajes son uno de los pocos “espacios de libertad”.Cuatro tiposEl estudio identificó cuatro grandes categorías dentro de los tatuajes de los campeones del mundo: religiosos, familiares, profesionales y aspiracionales. “Los tatuajes conservaban el registro de aquello que resulta importante para ellos: sus seres queridos, sus creencias religiosas, sus logros profesionales y sus aspiraciones vitales”, resume el texto. Los primeros aparecen con fuerza. Muchos jugadores llevan imágenes de Jesucristo, vírgenes, rosarios, cruces, ángeles, San Expedito e incluso el Gauchito Gil. La conclusión de Morello es que los tatuajes muestran una “modernidad encantada”: la religión no desaparece, sino que muta, se mezcla con elementos espirituales, culturales y personales”, sostiene. Nombres de hijos, fechas de nacimiento, rostros de padres, homenajes a abuelos o a mascotas también aparecen seguido en la piel de los futbolistas. La carrera futbolística suele comenzar muy temprano y, muchas veces, implica emigrar adolescentes. De los 26 campeones analizados, 25 jugaban en el exterior. “Archivo de su carrera”También aparecen seguido los tatuajes vinculados con la profesión. Trofeos, escudos, camisetas, pelotas, números y fechas importantes funcionan como vitrinas corporales. Los futbolistas convierten su cuerpo, de esta manera, en un archivo de su carrera. La Copa América ganada en 2021, por ejemplo, aparece repetidamente tatuada en piernas y pantorrillas. Los investigadores observaron que muchos de esos tatuajes deportivos están, precisamente, en la pierna dominante del jugador, como si el instrumento de trabajo también fuera el lugar ideal para conservar el recuerdo.Otra categoría son los tatuajes “aspiracionales”. Leones, tigres, brújulas, relojes, frases sobre resiliencia, fuerza o coraje. “Especulamos que estos animales representan la autopercepción o las aspiraciones de los jugadores”, señala el texto, que destaca que estos ni siquiera forman parte del paisaje argentino. El estudio también aporta un dato curioso: la ubicación de los tatuajes importa. La mayor concentración aparece en brazos y antebrazos, justamente las zonas más visibles durante un partido televisado. Casi 60% de los tatuajes está en lo que los investigadores catalogaron como “Zona A”: cabeza, cuello, brazos y antebrazos. También suman una lectura emocional: los tatuajes ubicados en la cara interna del antebrazo suelen ser mensajes dirigidos al propio jugador, recordatorios permanentes de aquello que no quiere olvidar.Menos política, más cultura popLos autores también detectaron un componente generacional. Los campeones de Qatar son de una generación menos politizada que la de Diego Maradona. El contraste aparece explícitamente en el trabajo. Mientras Maradona llevaba tatuados al Che Guevara y Fidel Castro, los investigadores no encontraron consignas políticas entre los campeones de 2022. Tampoco símbolos patrios argentinos. “Los tatuajes sugieren que la política tiene una importancia menor para este grupo de la que tuvo para las generaciones argentinas anteriores”, sintetiza el informe. En cambio, sí hay cultura pop global: personajes de Pokémon, Los Simpson, Peaky Blinders, Vikings o Prison Break. Por supuesto, el fenómeno excede a la Argentina. En el deporte mundial, el tatuaje también pasó de rareza a norma. Basquetbolistas de la NBA, jugadores de rugby, tenistas y nadadores muestran cuerpos cada vez más intervenidos con tinta. En el fútbol, especialmente en América Latina y Europa, el tatuaje se volvió más que nunca parte del lenguaje visual. El estudio incluso detecta diferencias de género alrededor de la tinta. Mientras los tatuajes de futbolistas varones prácticamente no generan debate público, las mujeres deportistas siguen siendo observadas y juzgadas. El caso de Yamila Rodríguez -la futbolista argentina criticada por llevar tatuado a Ronaldo en lugar de Messi- aparece como ejemplo de esa presión diferencial, destacan.
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